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Los pueblos de la antigüedad tenían una economía
básicamente agrícola, así que para ellos era muy importante predecir
la llegada de las estaciones para saber cuál era la fecha más
adecuada para plantar o segar y de esta necesidad surgió el
calendario.
En Egipto surgió especialmente la necesidad de tener un calendario
porque además de la necesidad de saber cual era la mejor fecha para
plantar o segar su vida giraba en torno al desbordamiento anual del
río Nilo y necesitaban predecir exactamente cuando ocurría esto.
La inundación del Nilo estaba provocada por las lluvias monzónicas
que, al principio de la primavera, dejaban caer grandes cantidades
de agua en las montañas de Etiopía. Los egipcios nunca supieron que
el desbordamiento era provocado por estas lluvias por lo que para
ellos, la crecida anual del río era provocada por los dioses y la
asociaron con el nacimiento de Osiris. A mediados del verano la
inundación llegaba a Egipto, empezando por Assuan e iba subiendo
hacia el delta. En un año las aguas solían subir hasta ocho metros
en un periodo de inundación que se prolongaba hasta Septiembre. Como
este fenómeno no se producía siempre el mismo día era muy difícil
predecir por observación cuando iba a ocurrir, pero una casualidad
astronómica permitió relacionar la crecida anual con la salida
helíaca de una estrella, es decir, el momento en el que esta
estrella se hacia visible por primera vez después de un periodo de
invisibilidad en el horizonte Este poco antes de la salida del Sol.
Esta estrella es la estrella Sirio, es la más brillante de todo el
cielo y pertenece a la constelación del Can Mayor. Es muy fácil de
observar en los cielos de invierno del hemisferio Norte: basta con
situarse en dirección Sur al anochecer, encontrar las tres estrellas
de Orión y seguir la dirección que indican.
La salida helíaca de esta estrella coincidía con el comienzo de la
inundación. Desde su salida hay que esperar 12 días hasta que se
produce la inundación. Así se establece el año “sothico” que es el
periodo de tiempo que transcurre entre dos salidas helíacas
consecutivas de la estrella Sirio. Distintos autores han estudiado
la longitud de este año y han estimado que es aproximadamente de
unos 365,25 días.
Para establecer la duración del calendario civil, los egipcios
dividieron el año en 365 días, subdivididos en 12 meses de 30 días
cada uno más 5 días que los griegos denominaron epagómenos y que
ellos llamaban “los que están por encima del año” o “nacimiento de
los dioses”. Los meses estaban agrupados en tres estaciones que
quizás se correspondían a un más antiguo calendario lunar, estos
meses estaban divididos en tres semanas que contenían cada una 10
días.
La primera estación se llamaba Akhet que significa
inundación. Esta estación coincidía con el origen del año y con la
inundación del río.
La segunda estación se llamaba Peret que significa
“salida”. Esta estación coincidía con la época de siembra, después
de la aparición de los campos cuando el río se retiraba.
La tercera estación se llamaba Shemu que significa
“agua baja”. Esta estación coincidía con la época de sequía anterior
a la siguiente inundación.
Inicialmente los meses del año no tenían nombre, sino tan sólo un
número, a partir del Imperio Nuevo los meses recibieron un nombre,
proveniente del antiguo calendario lunar y que coincide con el
nombre de la fiesta que se celebraba el primer día del mes
siguiente.
Como los egipcios no disponían de un año “cero” de comienzo absoluto
del calendario, solían contar los años desde la fecha de
entronización del faraón y así, en los documentos las fechas suelen
indicar, en primer lugar, el año del reinado del faraón, seguido del
día, mes y la estación.
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